martes, 26 de abril de 2016

musica mas emotiva que la pintura

La musica  tiene  mayor  capacidad  para  provocar  emociones  más  intensas  que  la pintura.  Es  una  de  las  conclusiones  de  un  estudio  en  el  que ha participado la Universidad Complutense de Madrid (UCM). 

“El estado afectivo que puede producir escuchar  música  es  más intenso  que  el provocado por  la  contemplación  de  una pintura”, explica Javier Campos-Bueno, investigador de la facultad de Psicología de la UCM y uno de los autores del trabajo. 

Con la ayuda de dos pruebas en las que participaron 358 estudiantes de entre 16 y 35  años,  los  autores  analizaron de  qué  forma estos reaccionaban  ante  diferentes estímulos  pictóricos  y  musicales  seleccionados  previamente.  “Hemos  probado experimentalmente  cómo  la  música  y  la  pintura  pueden  provocarnos  emociones positivas y negativas”, afirma Campos-Bueno. 

Obras probadas 

En la primera de las pruebas, los participantes contemplaron y escucharon 52 obras pictóricas y 52 fragmentos musicales de forma separada y aleatoria, para indicar el grado de felicidad que les despertaban y el nivel de excitación o calma. 

Las obras elegidas representaban diferentes épocas y culturas de Oriente y Occidente. Los  fragmentos  musicales  con  las  puntuaciones  más  altas (mayor  felicidad  y excitación) fueron el góspel del inicio de la película Hércules, de Disney; el Himno a la alegría (9ª sinfonía) de Beethoven, y un fragmento de la marcha del príncipe Alí en la película Aladdín, también de Disney. 

En cuanto a las obras pictóricas, las más valoradas fueron Tránsito de la Virgen, del pintor barroco José Antolínez, y Rosas, de Van Gogh. El cuadro que despertó mayor desagrado  fue Saturno  devorando  a  su  hijo,  de  Goya,  pero  iba unido a  una  gran excitación, al igual que la banda sonora de Psicosis, de Hitchcock, en el momento del asesinato.


Combinación dispar 

En la segunda prueba se combinaban música y pintura teniendo en cuenta su valor afectivo,  y  se  evaluaba  cómo  se  influían  mutuamente  ambas,  junto  a  los  cambios afectivos que se  habían  producido.  

El  equipo  montó  32  vídeos  en  los  que  se combinaban 32 obras de arte con 32 fragmentos sonorosos. “Lo más llamativo es que la interacción entre música y pintura no es del mismo tipo”, asegura el autor. 

Según los resultados, no influye del mismo modo una música agradable sobre una pintura desagradable. Por ejemplo, la música incrementaba el valor agradable de una pintura  pero,  cuando  se  evaluaba  la  influencia  de  la  pintura  sobre  la  música, este efecto  no  se  producía.  “Una  pintura  desagradable  pierde  ese  valor  cuando  se combina con una música muy agradable”, comenta Campos-Bueno. 

El estudio, publicado en Spanish Journal of Psychology, pone de manifiesto que la música nos emociona más que la pintura “a pesar de que buena parte de nuestros recursos cerebrales para procesar estímulos se dedican a atender a lo visual, frente a otras modalidades sensoriales”, destaca el experto. 

El  equipo,  formado  por  neurocientíficos  y  un  músico,  procede  de  la Universidad Complutense  de  Madrid,  el  Conservatorio  Profesional  de  Música  de  Alicante,  la Universidad Illes Balears, la Universidad de Tübingen (Alemania) y el Hospital San Camilo (Italia).

Vida y Muerte de Bowie

Millones de fans lo vieron en su lecho de muerte. Pálido, con una venda tapándole los ojos, retorciéndose en la cama de un hospital, tirando de las sábanas con sus manos venosas para cubrirse. “Mirad aquí arriba”, les dijo. “Estoy en el cielo. Tengo cicatrices que no pueden ser vistas”. Caminando hacia atrás, tembloroso, se metió en un oscuro armario. Y cerró la puerta desde dentro.
Bowie tituló su canción Lazarus, como el personaje bíblico que regresa de entre los muertos. Hoy resulta difícil no ver el vídeo como un adiós. Pero hace solo siete días nadie lo supo comprender.
La abstracción en las letras es marca de la casa. Y Blackstar, el disco publicado el día 8, en su 69 cumpleaños, dos días antes de su muerte, no es una excepción. Pero hoy, sabiendo que es obra de un enfermo terminal, el trabajo entero adquiere un carácter elegíaco. Un artista escribiendo su epitafio. Una despedida cuidadosamente orquestada.
Solo su familia y estrechos colaboradores estaban informados de su enfermedad. Imprimió un ritmo inédito a su trabajo. Fue su manera de afrontar la muerte
David Bowie contó a muy pocas personas que sufría el cáncer que acabó con su vida. Pero al mismo tiempo, en una jugada maestra, se lo estaba contando a todo el mundo a través de su arte. ¿Fue capaz de coreografiar su propio final? ¿Convirtió su muerte en su actuación definitiva?
Estamos ante la última transgresión de un hombre que pasará a la historia por derribar barreras artísticas, estéticas y sexuales. Bowie siempre exorcizó sus demonios ante el público —con la valiosa ayuda de una serie de alter egos— pero se las arregló, durante medio siglo bajo los focos, para salvaguardar su vida privada.
“Siempre hizo lo que quiso, y quiso hacer esto así”, explicó Toni Visconti, su colaborador durante más de 50 años, “su voz en la Tierra” desde hace 10, y uno de los pocos a los que Bowie confió su secreto. “Su muerte no ha sido diferente de su vida: una obra de arte. Hizo Blackstarpara nosotros, fue su regalo de despedida. Supe durante un año que así es como iba a ser”. Visconti ha contado, además, que ya tenía cinco canciones inéditas y quería regresar al estudio de grabación.
David Bowie fue visto en Nueva York en octubre de 2013. PacificCoastNews
Bowie conoció su diagnóstico hace año y medio. En los últimos meses, sus más estrechos colaboradores coinciden en hablar de un ritmo de trabajo inédito. Se enfrentó a la inminencia de la muerte concentrándose en su disco y en la obra teatral Lazarus, estrenada en el offBroadway neoyorquino el mes pasado, sobre un extraterrestre atrapado en la Tierra que se aferra a la esperanza de la inmortalidad. Si Visconti describe el disco como “su regalo de despedida”, el belga Ivo van Hove, director de Lazarus, define el montaje teatral como “el testamento” de Bowie.
El artista le contó su enfermedad a Van Hove en una conversación por Skype, en febrero de 2014, y le hizo jurar que mantendría el secreto. “David me dijo: ‘Debemos trabajar juntos muy intensamente durante el próximo año y quiero que sepas, si no puedo estar ahí, por qué es”, recuerda el director en el diario londinense The Times. “Fue un tiempo intenso porque a veces estaba muy enfermo y en tratamiento, pero vino todo lo que pudo a los ensayos. Al final estaba muy frágil. No mental, sino físicamente”.
La noche del estreno, el 7 de diciembre, Van Hove y Bowie salieron al escenario a recibir el aplauso del público. “Yo era muy consciente de que aquella posiblemente sería la última vez que le iba a ver”, asegura. “Estaba realmente débil y cuando salimos del escenario tuvo que sentarse. Después dijo: ‘Salgamos otra vez’. Podía ver las lágrimas detrás de sus ojos, porque él no era un hombre que mostrara sus emociones. Realmente tenía mucho miedo”.Además de Visconti y Van Hove, Bowie compartió su secreto con su mánager, Coco Schwab, y su amigo y retratista Jimmy King. También, claro está, con su familia más cercana: su esposa, Iman; la hija de ambos, Lexie, y su primer hijo, el cineasta Duncan Jones. La madre de este, con quien Bowie estuvo casado entre 1970 y 1980, se encontraba recluida en la casa del Gran Hermano VIPbritánico y ahí ha decidido seguir tras conocer la noticia.
Tituló su canción ‘Lazarus’, como el personaje bíblico que regresa de entre los muertos. El vídeo es como un adiós
La ex top model Iman ofreció pistas en las redes sociales. Los días previos a su muerte compartió fotos de diferentes épocas de su marido acompañadas de frases que hoy se revelan premonitorias. “No sé adónde voy después de aquí pero prometo que no seré aburrido” (8 de enero). “A veces no sabes el verdadero valor de un momento hasta que se convierte en un recuerdo” (7 de enero). “Todas las personas con las que te encuentras están librando una batalla de la que no sabes nada” (19 de diciembre).
Resulta increíble que en la época de los smartphones y las redes sociales una estrella global pudiera ocultar con tanto éxito su enfermedad. Un gran reto para alguien que provocaba titulares en todo el mundo —comprueben las hemerotecas del 18 de octubre de 2012— solo por salir a pasear en vaqueros por el Soho.
David Bowie posa junto a su esposa, Iman. Brian Aris
Pero hablamos de un brillante estratega que hace solo dos años logró mantener en el más absoluto secreto la grabación en pleno centro de Manhattan de The Next Day, su regreso después de 10 años. Hablamos de alguien que hizo de la exhibición sexual una bandera, pero cuya sexualidad fuera del escenario sigue aún hoy, después de su muerte, siendo una incógnita. En 1972 se declaró gay en una entrevista; cuatro años después dijo que era bisexual, y en 1983 se definió como “un heterosexual en el armario”. “Consideraba la privacidad como su mayor lujo”, explica un amigo citado por The Guardian. “Y fue primordial para él en la manera en que vivió los últimos años de su vida”.
Los rumores de su salud se suceden desde que sufrió un ataque al corazón en 2004 en Alemania. Solo ese trascendió, pero su biógrafa Wendy Leigh ha dicho esta semana que Bowie, alguien que abrazó todos los excesos del rock and roll, había sufrido seis ataques al corazón a lo largo de los años. Aquel episodio le llevó al quirófano en Hamburgo, donde fue intervenido en una arteria. Se alejó de los escenarios. Dejó de conceder entrevistas y Visconti se convirtió en su portavoz oficioso, encargado de desmentir los recurrentes rumores.
David Bowie junto a su hija Alexandria Zahra recién nacida, en 2000. Brian Aris
Bowie desapareció de la luz pública, pero vivía a plena luz del día. Frecuentaba librerías y galerías de arte. Asistía a las funciones de fin de curso en el colegio de su hija. David Bowie había vuelto a ser David Jones, el nombre con el que nació en 1947. Apenas se dejaba ver en eventos sociales como el estreno neoyorquino de Moon, la película de su hijo. Vivía como un hombre de familia con su mujer y su hija, que ahora tiene 15 años, en un lujoso ático en el 285 de la calle Lafayette, diluido entre la multitud moderna y adinerada, acostumbrada a las celebrities, del Soho neoyorquino. Allí seguía comprando flores para su esposa el 14 de cada mes, en el misma tienda, para recordar el día que se conocieron en una cena en Los Ángeles hace 25 años.
Cuando le diagnosticaron cáncer Bowie decidió ocultarlo al mundo. Tuvo tiempo para preparar su propia despedida. La última canción del nuevo disco, titulada No puedo revelarlo todo, habla sobre esa privacidad que tanto ansiaba. “Estaba pidiendo que le dejaran tener algunos secretos”, explica Van Hoven en The Times. “Su enfermedad fue el último de ellos”.

-Tomado de "El País"

Maroon 5 en Bogotá

Hacia las 8:40 p. m. comenzó el gran concierto de este jueves. Adam Levine arribó al escenario junto a su agrupación, mientras se oían aullidos y gruñidos de animales, sonidos que darían inicio al concierto con el sencillo ‘Animals’.
Levine apareció con el pelo teñido de un amarillo potente, junto a James Valentine, Mickey Madden, Matt Flynn, Jesse Carmichael, Sam Farrar y PJ Morton, quienes no ocultaron la esencia roquera original de esta banda oriunda de Los Ángeles, especialmente en canciones como 'Lucky Strike'.
Canciones como 'Payphone', 'Daylight', 'Sunday Morning', una versión acústica de 'She Will Be Loved' y la explosiva 'Moves Like Jagger' fueron algunos de los momentos más importantes de la noche, en donde el público cantó a una voz los tan exitosos temas del grupo.

-Artículo tomado de "El Tiempo"

Lollapalooza - El nuevo festival de música en Bogotá

Los colombianos entusiastas por los festivales de rock y pop, una cultura que crece por miles y que durante los últimos años ha visto el surgimiento de iniciativas como Estéreo Picnic, Nem Catacoa, Sónar y Hermoso Ruido, así como los 20 años de Rock al Parque, estaban esperando esta noticia: la primera versión de Lollapalooza Colombia.
Este miércoles, los socios de la empresa T310 dieron a conocer la noticia a través de una rueda de prensa, en la que entregaron los detalles de lo que será esta franquicia del festival estadounidense, que actualmente también se realiza en Chile, Argentina y Brasil.

El Lollapalooza Colombia se hará en octubre de 2016 en el Parque Simón Bolívar de Bogotá y no se permitirá la venta ni el ingreso de licor.
Sobre el cartel, los organizadores aseguraron que aún no hay nombres y que se definirá en un futuro. A través de la página web www.lollapaloozaco.comdarán a conocer también la fecha exacta del festival.
El anuncio se produce a escasos días de la realización de Lollapalooza Chicago, el original, que empieza el 31 de julio y va hasta el 2 de agosto (viernes, sábado y domingo), y que espera recibir a 300.000 asistentes en el Grant Park, para ver a 140 artistas, encabezados por Metallica, Paul McCartney, Florence + The Machine, Sam Smith, Alabama Shakes, The Weekend, Alesso, Tame Impala, Gary Clark Jr., FKA Twigs, Hot Chip y The War on Drugs, entre otros.
Esto no significa que se acabe Estéreo Picnic, que ya anunció fechas para los días 10, 11 y 12 de marzo de 2016, y que ha sido un aliado del Lollapalooza Chile en temas de programación de artistas. Será otro evento diferente.
Lollapalooza comenzó en 1991, como una ocurrencia del cantante de rock Perry Farrell, voz líder de la banda Jane's Addiction, para llevar a la agrupación de gira en pleno furor del rock alternativo, aunque luego cobró forma de festival y se realizó anualmente hasta 1997. Luego, en 2003, fue reactivado, estableció su epicentro en Chicago y se expandió a Austin, Texas.
En 2010 comenzó la aventura de Farrell y sus socios por convertir Lollapalooza en una franquicia que dio pie a la versión de Chile en 2011 ─y así ha sido anualmente─, y luego Lollapalooza Brasil 2012 y Argentina 2014 (con 140.000 espectadores). Este año, se realiza por primera vez una versión en Europa, el Lollapalooza Berlín, y en alguna ocasión estuvo planeada una versión de Lollapalooza Israel, en Tel Aviv, que nunca se realizó.
Este festival no se caracteriza por tener entradas económicas (especialmente, desde 2003): para ingresar a Lollapalooza Chicago, que al día de hoy ya ha vendido casi toda su boletería y solo se consiguen paquetes VIP de tres días, la boleta por cada jornada tenía un valor de 110 dólares, equivalentes hoy a 314.000 pesos colombianos, y por tres días, de 250 a 275 dólares (713.000 a 785.000 pesos). El paquete VIP de tres días: 1.850 dólares, es decir, 5'281.000 pesos.
Sin embargo, el festival ofrece a sus asistentes una experiencia alrededor del rock que ha sido la clave para que se haya mantenido entre los principales eventos del género en el mundo.
Además, también se trata de confort: la logística, en el caso de Lollapalooza Chicago, comprende soluciones incluso familiares, como la zona Kidzapalooza, que es un parque especial para niños.
Y por ejemplo, en el caso de los paquetes VIP en Chicago, estos incluyen salones con aire acondicionado y banquetes de comida, un minispa y fuentes de cerveza, vino y agua.

-Tomado de "El Tiempo"